Sabine Getty, Lauren Santo Domingo, Nicky Rothschild y la nueva generación del millar de jóvenes que puede costearse la moda más exclusiva.

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Sabine Getty, Lauren Santo Domingo, Nicky Rothschild y la nueva generación del millar de jóvenes que puede costearse la moda más exclusiva.

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En un perfil de la millonaria libanesa que trazó el diario The Guardian, la mayor coleccionista de alta costura del mundo –1.600 piezas cuyo precio oscila entre los 50.000 y los 290.000 euros– se presentaba ataviada con un dos piezas de Chanel mientras sacaba un sándwich de huevo de su bolso con sus manos “perfectamente arregladas” y adornadas con un diamante rosa.

De origen libanés como Ayoub, Sabine Getty tiene 33 años y 57.9000 seguidores en Instagram. Es socialité y diseñadora de joyas. El 30 de mayo de 2015 Sabine, de soltera Ghanem, se casó con el financiero Joseph Gettyen la Basílica de los Doce Apóstoles de Roma con un diseño de Schiaparelli. 

Esta temporada, la joven ha asistido a los desfiles de Christian Dior y Armani Privé. ¿Dónde tendrá oportunidad de lucir las creaciones que ha encargado? En alguna de las fiestas privadas que ofrezca su familia política en su mansión en Buckinghamshire o quizá a bordo del Talitha, el yate de 263 metros de eslora construido en 1929 con el que los Getty surcan los mares del Caribe o atracan en Porto Cervo.

Como Getty, Lauren Santo Domingo (250.000 seguidores en Instagram), esposa del multimillonario colombiano Andrés Santo Domingo y exeditora de Vogue, está estos días en París. Allí ha acudido a los desfiles de Givenchyo Giambattista Valli. 

La fundadora de la plataforma de venta online Moda Operandi ha aprovechado su estancia en la capital, donde posee un espectacular pied-à-terre decorado por François Catroux, para celebrar una cena por el lanzamiento de la marca The Elder Statesman en su web.

Naturalmente, entre el número de personas que puede costearse modelos cuyo precio arranca en los 9.000 euros, y que apenas llega a mil –“los pocos felices”, los llama Bruno Pavlosky, presidente de Chanel–, prima el hermetismo. Los casos de Getty, Santo Domingo o Hilton constituyen la excepción. Hablamos de mujeres (muy) pudientes de Rusia, China y Latinoamérica. 

Nació hace 61 años en Kuwait y vive entre París y Mónaco, trabajaba de camarera en un restaurante libanés de París cuando conoció a Nasser Al-Rashid, un multimillonario saudí que ejercía de consejero del rey Fahd. La pareja se casó en 1979 –ella, vestida de Jean-Louis Scherrer– y se divorció en 1996. Mouna se consagró entonces a su verdadero amor. “Hay gente que trafica con armas o que prefiere jugar a la ruleta. Mi única pasión es la alta costura”, advertía en aquella entrevista que publicó The Guardian. 

 


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